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Alas de Luna.
En un mundo donde nada y todo es perfecto a la vez nacieron al mismo tiempo una humana y una pequeña mariposa. Ambas, desde el primer día de su vida, están conectadas por algo mas complejo que el mismo universo.
La pequeña mariposa tenía una buena vida, era alegre, dicharachera y de los bichitos mas amables del lugar; pero un buen día una desgracia llegó al pueblo, un tornado arraso con todo a su paso. Todo el mundo se puso a cubierto pero nuestra querida mariposa no tuvo tiempo, sus alas quedaron muy maltratadas, sus antenas destrozadas y su cuerpo con grandes magulladuras, rápidamente la llevaron al hospital, no se daba ni una gota de miel por ella cuando apareció un médico con una técnica que aún no se había probado en mariposas; así pues el doctor comenzó su labor y al cabo de una semana todos pudieron volver a ver a la pequeña mariposa; físicamente no era para nada la anterior mariposita que habían conocido y mentalmente había cambiado mucho...
Tsukuyomi, la humana, tuvo una buena vida, al igual que la mariposa siempre estaba feliz, contenta y dispuesta a ayudar a quien fuera; a ella también le vino una gran tormenta encima, apareció un hombre con cara de ángel pero con alma de demonio. Una vez tuvo a Tsukuyomi entre sus brazos la llevo hacía una montaña tan alta que nunca nadie había osado a escalar y allí la encadenó a la pared de su jardín para que nunca pudiera huir de él...
Tsukuyomi y la mariposa se conocieron mucho antes de que estas tragedias llegasen a sus vidas, tenían una relación armoniosa, desde el primer día que se vieron fue como si se conocieran de toda la vida, como si dos engranajes de dos cajas diferentes se juntaran y acto seguido empezases a funcionar a la perfección, fue algo maravilloso. Se amaban de la misma forma que un hermano ama a su hermana, de la misma forma que una madre ama a su hijo, o al menos eso creían ellos hasta el día que algo en el interior de la relación cambió, ya no se veían como hermanos, todavía se amaban, si, pero como almas conexas, sus cuerpos se buscaban, su amor era de amantes. Tardaron tanto tiempo en darse cuenta de aquello y de sentirse correspondidos que las desgracias llegaron a sus vidas antes de que pudieran amarse como querían. Lo que si hicieron antes de separarse fue prometerse que pasara lo que pasara todas las noches mirarían a la luna y todo lo se tuvieran que decir se lo dirían a la luna y esta se lo trasmitiría al otro.
Tsukuyomi desde el jardín de la ardua montaña todas las noches hablaba con la luna confesandola el amor que sentía hacia la mariposa y el dolor que sentía por haberse dejado engañar por el hombre tan malvado que la había encadenado.
La mariposa desde el hospital miraba por la ventana a la redonda luna y le contaba el amor tan puro que sentía por Tsukuyomi y la pena que le invadía al saberla tan lejos y ella estar en el hospital y no poder hacer nada por verla.
La luna les contaba lo que el otro había dicho, ambos sonreían al saber el amor del otro y lloraban al conocer sus pesares.
Cuando la mariposa salió del hospital hizo tremendos esfuerzos por llegar a Tsukuyomi, y aún con sus alas metálicas no pudo nunca alcanzarla; a su vez ella intentaba librarse de las cadenas pero siempre que estaba a punto de conseguirlo estas se volvían a cerrar.
Después de algún tiempo cada vez hacían menos por verse, la mariposa no intentaba tan a menudo subir a la montaña y Tsukuyomi dejo de intentar quitarse las cadenas, lo que nunca dejaron de hacer fue hablarse mediante la luna.
Una noche, hablándose, la mariposa le confesó a Tsukuyomi que había conocido a alguien a quien amaba y a quien tenía iguales sentimientos que con ella. Cuando la luna le contó a Tsukuyomi lo que la mariposa había dicho, su rostro empalideció y sus ojos se llenaron de lágrimas, con tan solo pensar que le confiesa su amor a otra, que ama a otra, la rompe, la quema, la destroza el alma; tragándose todo el dolor sonríe hacía la luna y da consejos de amor a la mariposa para que pueda ser feliz sin ella.
Tsukuyomi tras la noticia se sintió morir, sus ojos no dejaron de lanzar lagrimas al vació, se secaron en lo que tarda la luna en volver a estar completa. Cuando no le quedó ni una lágrima que sacar de su cuerpo se resigno y poco a poco ambos dejaron de hablar a la luna.
El angel con alma de demonio, sabiendo de la situación de Tsukuyomi, se aprovecho y la pidió matrimonio, ella devastada y sin ganas acepto.
Tsukuyomi , la noche de su boda, en vez de vestir de blanco, vistió de negro, seguía de luto por su corazón. Dirigiéndose hacía su futuro esposo y mirando hacía la inmensidad de la luna volvió a derramar lágrimas; ya junto a su prometido volvió a mirar hacía las estrellas cuando vio un brillo que no provenía de la bóveda nocturna, se apresuro hacía la ventana y acto seguido salio a la carrera al jardín. La mariposa había lo había conseguido, cuando vio a Tsukuyomi se poso sobre su hombro como hacía antaño y le susurro al oído: "Mi amor, nunca pude olvidarte, jamás conseguí amar a la otra mujer como te amo a ti, estaba errado cuando te dije que tu y ella erais iguales en mi corazón, tu eres más grande, tanto que me has dado las fuerzas necesarias para subir hasta aquí arriba. Perdóname, mi reina, por todo el dolor que he podido causar en tu corazón, perdóname por lo estúpido que he sido, por dejar de lado a la luna. Nunca pude olvidarte y ahora realmente sé que tu y yo somos uno, que no debemos separarnos nunca. Te amo Tsukuyomi".
Tsukuyomi rompió a llorar, cuando las gotas saladas de sus ojos tocaron a la mariposa las estrellas bajaron del cielo y se cernieron sobre ellos, el viento sopló cálido y durante media hora nadie supo que fue lo que dentro de ese haz de luz paso. Cuando las estrellas volvieron a su lugar y el viento paró se observó como en el suelo quedaron Tsukuyomi y un hombre entrelazados.
Él la cogió en brazos y se la llevo lejos, tanto que nunca se volvió a saber de ellos.
La gente del lugar dice, que en las noches de luna llena, si cerramos los ojos y nos quedamos completamente en silencio, un amor nos invade el cuerpo y se llega a oir como Tsukuyomi y el hombre hablan de su dicha.
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