Cuando me miré en el lago no pude ver más que mi reflejo distorsionado por el agua, y me pareció hermoso, por lo que decidí parecerme a ese reflejo. Cuando lo conseguí, volví al lago a mirarme, y ocurrió lo mismo, el reflejo de mi anterior reflejo se volvió a deformar, y, casualidades de la vida, este me volvió a parecer más bello aún y quise parecerme a él.
El proceso lo repetí tantas veces que al final no era más que lineas simples y mi reflejo estaba compuesto de las mismas lineas simples que yo. Ya no cabían más deformaciones.
Me convertí en el reflejo de mi reflejo.
Ni tan mal. La mayoría somos el reflejo de lo que vemos en la tele...
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