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¿Es esto el país de las Maravillas?¿Soy una Alicia más?

Era un día cualquiera en un pueblecito cualquiera. La gran fiesta había llegado, todos esperábamos con nerviosismo que el inmenso salón abriese sus puertas y se abarrotase de gente glamurosamente vestida , todo lo que en un pueblo se permite, que bailase al son de la música disco.
Yo llegaría tarde, el dichoso despertador no había sonado a la hora, o dicho sea de paso, yo no lo había oído por mi buen dormir. Menos mal que en un arrebato de organización, la tarde anterior, había dejado todo bien colocado en la mesa: vestido, maquillaje, medias, ropa interior, bolso, zapatos, chaqueta y abrigo.
Todo el mundo parecía estar igual que yo en mi portal, ¿Qué hacía todo el mundo aquí? ¿Qué hacían ellas aquí? Ellas, las cuales tuvieron el descaro de aparecer sin que nos aguantásemos, y lo que aún no podía creer, ¡me estaban pidiendo maquillaje para arreglarse! Como es natural, las omití al instante y seguí mi camino. Todo el mundo se encontraba preparándose ansiosamente en el portal así que yo era la primera en llegar y estaba sin abrir. Cerré los ojos como los cierra un niño pequeño para pedir un deseo, esperando que cuando los abriese el salón estuviese abierto. Pero no fue así, los abrí y para mi sorpresa ya no estaba vestida de fiesta, llevaba unos vaqueros y una camiseta y estaba al borde de un acantilado en lo que parecía ser una barbacoa, lo mas sorprendente de todo era que yo ni siquiera estaba descolocada, actuaba como si hubiese estado allí todo el tiempo. Por lo visto había una placa de acero que impedía que todos nos fuésemos acantilado abajo. Una ráfaga de aíre la agito y yo y unos cuantos caímos irremediablemente al vacío. Sentía la caída lejana como si no tuviese nada que ver conmigo, y en vez de caer en un agujero negro caí en una calle del pueblecin rodeada de unos cuantos amigos camino del cementerio, ¡íbamos a ver a las victimas del infortuno accidente de la parrillada! Subimos la colina y entramos en un mausoleo en el cual había dos colchas tapando lo que asumí como dos victimas, una de ellas estaba en la mitad del altar mayor, pues en la otra mitad esta tumbado un niño de unos 10 años de edad, vivo aún. A su alrededor estaba un señor  libro en mano y  una señora de buen comer que asía al niño de la mano. Al acercarme a la señora pude comprobar como el niño sangraba de los ojos, ¡estaban haciendo un ritual de resurrección para el cadáver por medio de un sacrificio humano! De repente, por detrás de mi rodilla sentí como si una aguja se me clavará y comenzó a salir mi sangre a chorros incontrolados. Al ver la señora mi sangre por los suelos concluyó: 
-Traed el muñeco-me miró profundamente- el mono, siempre que hacemos esto, termina convertido en un amasijo de carne, no queremos que te pase eso a ti querida.
Una respiración debajo de la sabana del altar hizo que todo el ritual cesase. La señora corrió a levantar la sábana y para la sorpresa de todos los allí presentes debajo se encontraba una niña, pero no estaba muerta, debía haber quedado inconsciente y volvió de ese estado con alguna de las palabras que se habían dicho. Al ver que estaba viva, la señora, puso cara de terror y se acerco lentamente a la otra sábana, la levanto y sus gritos de dolor nos dieron a entender que ese era su marido.
 Lo que sucedió después no sé muy bien como pude verlo, pero el caso es que lo vi. La suso dicha preparo a su marido para su rito funerario, no lo iba a enterrar ni nada por el estilo, lo iba a hundir en el río cerca de su casa, en el cual puso cantidad de hierbas y flores. Una vez que el marido estaba en el agua tocando fondo ya, se despidió de él, pero... Esté abrió los ojos también, resultó que el rito de resurrección le había afectado a él y no a la niña, pues esta estaba viva. La señora exclamó: ¡No, no puede ser! y acto seguido sumergió sus manos e intento ahogarle para que ese coloso sacado de las garras de la muerte no hiciera mal a cualquier ser vivo. Pero claro, la señora era fuerte pero ese gigante lo era más y ocurrió lo inevitable, salio del río y viendo que su propia mujer quería matarle, tomando venganza la ahogó a ella con sus propias manos. Se dirigió hacía unas catacumbas que se hallaban cerca de la casa donde, por lo visto más renacidos de Satán se encontraban reunidos allí. Según entro el coloso empezó a arrancar miembros, a destripar cadáveres, pues en el fondo todos ellos eso era lo que eran, creo el caos de tal manera y en tan poco tiempo en el pequeño mundo de los revividos que rápido esas criaturas se escondían de él. En una viga del techo que sobresalía se encontraba una pequeña muerta con ojos como los de una muñeca, ataviada únicamente con un delantal de carnicero, con una coleta de medio lado y por manos tenía cuchillas, esta chiquitina se encontraba justo en el pasillo por el cual el terror de las catacumbas estaba pasando en ese instante. En su interior sabía que era la única que podía hacer algo, la única que no estaba paralizada por el miedo. Con gran valor decidió ir a matar al gigante, salto de su viga e instantes antes de que pudiera llegar a rozar si quiera la piedra del frío suelo ya estaba corriendo hacía ella aquella aberración, saco sus manos y empezó a clavárselas por todo el cuerpo haciéndole grandes heridas de las que no emanaba sangre, en un abrir y cerrar de ojos el coloso agarro a la pequeña con tanta fuerza que no podía respirar apenas, con un gran esfuerzo esta clavo sus cuchillas al fondo de su boca haciendo que el cráneo del monstruo se partiese mientras chillaba de un dolor insoportable.
Todo se volvió negro y desperté en mi cama, todo fue tan real, cada sensación cada visión...

Ahora estoy aquí escribiendo esto mientras espero volver a despertarme en una cama, creyendo que todo ha sido un sueño, un sueño muy real pero sueño a fin de cuentas.