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El ganso dorado de pico estrecho



El Ganso dorado de pico estrecho
por fin salio de su arresto.
Ni cuarto de hora paso
cuando este ya veloz
dirigiase hacia su alimentador;
tanto tiempo hacia
desde su última visita
que casi se le olvida
que su hambre era sin duda
la mas simple gula.


Ya saciado el estomago del Ganso
este fue derecho hacia su dormitorio
el cual se encontraba algo desgarbado,
su lecho con sabanas,
antiguamente blancas como la nieve,
estaban ahora, grises y deshilachadas.
Antes suaves,
ahora suaves y asperas a la vez.
Pero en aqueste modesto lecho
fue el Ganso sin consuelo
a dejar fluir los mas recónditos sueños
que en su ser el almacenaba.


Que desdicha hallo el Ganso en su alegría,
pues según sus sueños volaban,
la comida se le acababa.
De este modo viose obligado el Ganso
a incorporarse nuevamente
para visitar
a su querido amigo el Tintero

1 comentario:

  1. Todos los días miraba al cielo a ver si veía venir volando al ganso de pico de oro, y sólo de vez en cuando alguna cigüeña. Ya era hora, lo echaba de menos. ¡Tiene tanto -y tan interesante- que contar...!

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